martes, 6 de febrero de 2018

BITÁCORA DE UNA TAL MERCURY pt.2


Han sido tres días de maravilla. Llenos de aventuras, paz y largos viajes en auto.  A pesar de que al principio tenía unas ganas horribles de regresar a casa, se mantenía este sentimiento familiar de que un día antes de partir diría; quiero quedarme un poco más. Es por eso que mantengo esta idea un poco descabellada pero lógica de querer vivir aquí, tal vez no para siempre, pero la vida en el campo es completamente distinta; y me encanta.




El distrito de Ticapampa es uno de los diez que conforman la provincia de Recuay

Ticapampa* siempre tiene esta primera impresión de pueblo fantasma, en el que no habita ningún alma, un pensamiento que perdura maso menos hasta las 6 de la mañana cuando las personas comienzan a aparecer de la nada. Algunos adultos bajan del cerro a la plaza y los más pequeños suben para ir a la escuela. La verdad que me encantaría saber como serían mis mañana aquí, despertaría con el sonido de los pájaros,  respiraría un aire muy puro cuando salga de casa e incluso esté en ella, me encanta saber que estaré alejada de todo. Descubriendo cosas nuevas, a mi manera...




Durante estos días me dediqué a hacer lo que se supone que vine a hacer. Reivindicarme. Y me refiero en el ámbito fotográfico. Sé que aún me falta mucho, pero estoy un poco más alegre de haber avanzado; aunque solo haya subido un escalón pequeño. Comencé a amar las noches en Huaraz, silenciosas o acompañadas de las innumerables bocinas de los taxis o los buses madrugadores y nocturnos. 

Una mañana de aguacero. 

La primera noche nos cayó de sorpresa, al no poder llegar a Huaraz debido a la lluvia, tuvimos que quedarnos en un hotel en Recuay. Una vez ahí, Mikaela y yo no salimos hasta que tuvimos mucha pero mucha hambre, aproveché para tomar fotos a las calles y después de eso nos quedamos en el hotel hasta el día siguiente. Pero fue una de las noches más largas que he tenido desde hace mucho tiempo. 

Calles de Recuay

Cuando digo que durante mi estadía en esta provincia los días se asemejan a una eternidad, no bromeo, aún si hablo evitando las exageraciones creo que la expresión seguiría siendo la misma. 

Mercado de Caraz.

Coincidir con animales tan curiosos y particulares también fueron pequeños momentos que llenaron mi alma. Incluso hasta el final, cuando era tiempo de despedirse de Ticapampa, un grupo de perros se acercaron a mí para que les diera de comer. Pero lo más memorable de aquel día fue “El chato”. Será una anécdota que nunca dejaré de contar.


"EL CHATO"

Otra cosa que destaco es la Paz que se respira, la humildad de muchas personas, la inocencia de los niños, el asombro y el miedo a lo desconocido. Es como un lugar completamente diferente pero dentro del país. 
Una pequeña curiosa.

Solo nos quedaríamos cuatro días y el tercero, fue cuando salimos de Huaraz para ir hasta Caraz, donde se comen los mejores helados, y coincidencia, llegamos en una época festiva, las calles fueron tomadas por danzantes y bandas. 


El último día regresamos a Ticapampa, había misa, mucha gente y un grupo pequeño de borrachos en la plaza. Aproveché para sacar todas las fotografías que pudiese ya que no regresaría en un buen tiempo. Los vecinos me miraban extrañados, algunos me decían solo con sus gestos que no me querían ahí, pero algunos ni siquiera se dieron cuenta. Mi abuela llegó a decirme que no tomara demasiadas fotos porque la gente pensaría que era periodista, lo cuál me causó mucha risa.


Por la noche, horas antes de despedirme por completo, mientras estaba sentada en el terminal, esperando que el reloj diera las 10:30, solo pensaba en todos los pequeños seres que conocí, lo que comí, lo que padecí durante esas noches solitarias, las anécdotas que me llevaría a Lima pero sobretodo la alegría que sentiría cuando viese llegar el auto de mi padre, que vendría a recogernos para ir finalmente a casa.


 Los quiero... nos leemos pronto. 

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